Archivo de la categoría: Cuentos

Alí Babá y los Cuarenta ladrones

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Alí Babá era un leñador pobre y honrado que tenía un hermano muy avaro y deshonesto, Kassim.

Cierto día, Alí Babá vio en el bosque a cuarenta ladrones esconder sus tesoros dentro de una cueva. En la entrada se hallaba una gran piedra la cual se abría y cerraba al gritarle: -¡Sésamo, ábrete!- , -¡Sésamo, ciérrate!-.

Cuando los ladrones se marcharon a todo galope. Alí se acercó a la cueva y gritó: -¡Sésamo, ábrete!- y la roca se abrió. El interior estaba repleto de tesoros magníficos y Alí llevó un poco a casa. Sigue leyendo

El traje nuevo del Emperador

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Hace muchos años vivía un Emperador que gastaba toda su fortuna en trajes nuevos. Un día se presentaron dos bandidos, asegurando ser tejedores de las telas más hermosas, con colores y dibujos originales. El Emperador inmediatamente entregó a una buena cantidad de oro para que su pusieran a trabajar y los ladrones montaron un telar para fingir que lo hacían. Sigue leyendo

Rumpelstikin

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Había una vez un pobre molinero que tenía una bellísima hija. Frente al Rey presumió que su hija sabia hilar tan bien que convertía la paja en oro. Entonces el Rey la llevó a su castillo, la metió a un cuarto lleno de paja. Le dio una rueca y un carrete, diciéndole: -Si mañana toda esta paja no es oro, morirás -.

Allí quedó sentada la pobre hija del molinero, y se echó a llorar. De pronto entró por la puerta un hombrecillo, interesado en su pesar, prometió convertir la paja en oro si ella le daba a cambio su collar. Se lo entregó y así pasó el hombrecillo hilando toda la noche, por la mañana el Rey encontró sus carretes de oro.

Luego el Rey llevó a la chica a una sala más grande llena de paja. Cuando estuvo sola apareció de nuevo el hombrecillo, Esta vez la muchacha le dio una sortija y él los carretes de oro. Sigue leyendo

Las habichuelas mágicas

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Periquín vivía en el bosque con su madre, que era viuda. Al pasar por malos momentos envió a su hijo a vender la única vaca que poseían. El niño se encontró en el camino con un hombre que llevaba un saquito de habichuelas. -Son mágicas- le dijo el hombre. Te las doy a cambio de la vaca. El muchacho pensó era la mejor oferta por una vaca flaca, pero a su madre disgustada arrojó las habichuelas a la calle.

Al día siguiente, fue grande su sorpresa pues las habichuelas habían crecido tanto que las ramas se perdían de vista. Periquín trepó por la planta, hasta llegar a un país desconocido. Donde había un gran castillo habitado por un gigante que tenía una gallina que ponía huevos de oro. Pensando en mejorar su situación el niño tomó la gallina mientras el gigante dormía, y se la llevó a su madre quien se puso muy contenta. Vivieron tranquilos mucho tiempo vendiendo los huevos, hasta que la gallina murió. Sigue leyendo

La princesa envejecida

La princesa envejecida

Los cuentos y leyendas cortas de princesas son disfrutados por chicos y grandes, pues por lo regular encierran una moraleja o lección de vida que nos deja algo positivo.

Es el caso de que en el antiguo Egipto, la hija del faraón, siempre que podía desobedecía las órdenes que le daba su padre.

– Hija, debes de aprender a gobernar sabiamente. Un día ya no estaré aquí y tú tendrás que hacerte cargo del imperio.

– Si ya fuera mayor, no podrías obligarme a hacer cosas que no quiero. Replicaba la joven.

Una noche mientras estaba recostada en su cama, recibió la visita del hechicero del faraón.

– He escuchado tus rabietas joven princesa, por eso resolví traerte esta flor mágica que te permitirá crecer rápidamente. Pero ten cuidado, cada vez que le arranques un pétalo, tu vida avanzará y no podrás recuperar el tiempo perdido.

– Muchas gracias por el obsequio, prometo que tendré cuidado. Dijo la princesa.

Sin embargo, no bien el hechicero abandonó la habitación, la joven se puso a desalojar la flor.

– ¡Es una mentira! No noto ningún cambio.

Se levantó de la cama y sintió que su espalda le dolía muchísimo. Recorrió con la mirada la habitación y vio cómo las paredes de piedra lucían deterioradas.

– ¿Pero qué sucedió aquí? Guardias vengan enseguida. Gritó.

– ¿Llamó usted alteza? Dijo uno de los sirvientes.

– Sí, quiero que me digas qué pasó aquí.

– ¿A qué se refiere señora?

– Las paredes de mis aposentos están muy desgastadas. Haré que mi padre encuentre al responsable de esto. Dile que venga enseguida. Por cierto ¿eres nuevo verdad? Jamás te había visto.

– No mi reina, tengo más de 40 años siendo su fiel sirviente. Por otra parte, es imposible que le llame al faraón, pues hace más de dos décadas que su espíritu se reunió con Anubis.

– Fuera de aquí. Haré que te cuelguen por haber dicho eso.

– Todo lo que he dicho es cierto. Usted tiene ya años en el trono.

La princesa se acercó al espejo y observó como su cuerpo era el de una anciana. Rompió a llorar desconsoladamente, pues recordó las palabras del hechicero. «El tiempo no se puede recuperar…».