La billetera

cuentos cortos La billetera

Jessica se hallaba caminando por las calles cercanas a su colonia. Le gustaba pasearse por entre los distintos aparadores de los negocios que había a su alrededor, aunque no podía comprar casi nada, debido a que tanto ella como toda su familia eran gente muy pobre.

Se paró enfrente del escaparate de la juguetería y quedó maravillada al ver a una hermosa muñeca de porcelana que abría y cerraba sus ojos.

– Eres muy linda. Como quisiera llevarte a casa conmigo. Dijo la niña.

Enjugó una lágrima y prosiguió su camino. Por estar soñando con la muñeca, accidentalmente tropezó y cayó sobre la acera. Entonces frente a ella apareció lo que parecía ser una billetera.

Era de piel en color vino y poseía varios compartimentos llenos de dinero. Jessica miró hacia todos lados, con la esperanza de que nadie se hubiera dado cuenta de lo que había encontrado.

Se metió la billetera dentro del suéter, más el bulto que producía ese artículo se notaba fácilmente. Por ese motivo, cuando llegó a su casa su madre le preguntó.

– ¿Qué traes ahí Jessica?

– Es una billetera, estaba tirada en la calle. Pensaba darte el dinero a ti. Bueno, casi todo, porque hay una muñeca que me gustaría comprar.

– ¿Ya revisaste si en su interior hay alguna identificación?

– No, pero para qué. Las cosas que te encuentras en la calle son tuyas.

– Eso no está bien. ¿Qué tal si a esa persona le hace falta el dinero para pagar algunas deudas o algo así?

– ¿Más falta que a nosotros?

– Si hija, préstamela voy a revisarla. Aquí hay una credencial, quiero que vayas a esa dirección y se la devuelvas a su dueña.

– Puff, está bien mamá.

Jessica la obedeció sin oponer mayor resistencia, pues en el fondo sabía que ella tenía razón. Al ver la dirección, se dio cuenta que coincidía exactamente con la de la juguetería. Entró al local y buscó a la señora que aparecía en la identificación.

La dueña del establecimiento quedó tan agradecida que le dijo a Jessica:

– Cariño muchas gracias. Como premio a tu honradez te pido que escojas el juguete que más te guste.

– No señora como cree.

– Insisto, estoy segura que habrá algo que sea de tu agrado.

– La verdad sí, hay una muñeca que me gusta mucho.

– No se diga más, es tuya.

Así, Jessica fue premiada por su buena acción.

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