La princesa envejecida

La princesa envejecida

Los cuentos y leyendas cortas de princesas son disfrutados por chicos y grandes, pues por lo regular encierran una moraleja o lección de vida que nos deja algo positivo.

Es el caso de que en el antiguo Egipto, la hija del faraón, siempre que podía desobedecía las órdenes que le daba su padre.

– Hija, debes de aprender a gobernar sabiamente. Un día ya no estaré aquí y tú tendrás que hacerte cargo del imperio.

– Si ya fuera mayor, no podrías obligarme a hacer cosas que no quiero. Replicaba la joven.

Una noche mientras estaba recostada en su cama, recibió la visita del hechicero del faraón.

– He escuchado tus rabietas joven princesa, por eso resolví traerte esta flor mágica que te permitirá crecer rápidamente. Pero ten cuidado, cada vez que le arranques un pétalo, tu vida avanzará y no podrás recuperar el tiempo perdido.

– Muchas gracias por el obsequio, prometo que tendré cuidado. Dijo la princesa.

Sin embargo, no bien el hechicero abandonó la habitación, la joven se puso a desalojar la flor.

– ¡Es una mentira! No noto ningún cambio.

Se levantó de la cama y sintió que su espalda le dolía muchísimo. Recorrió con la mirada la habitación y vio cómo las paredes de piedra lucían deterioradas.

– ¿Pero qué sucedió aquí? Guardias vengan enseguida. Gritó.

– ¿Llamó usted alteza? Dijo uno de los sirvientes.

– Sí, quiero que me digas qué pasó aquí.

– ¿A qué se refiere señora?

– Las paredes de mis aposentos están muy desgastadas. Haré que mi padre encuentre al responsable de esto. Dile que venga enseguida. Por cierto ¿eres nuevo verdad? Jamás te había visto.

– No mi reina, tengo más de 40 años siendo su fiel sirviente. Por otra parte, es imposible que le llame al faraón, pues hace más de dos décadas que su espíritu se reunió con Anubis.

– Fuera de aquí. Haré que te cuelguen por haber dicho eso.

– Todo lo que he dicho es cierto. Usted tiene ya años en el trono.

La princesa se acercó al espejo y observó como su cuerpo era el de una anciana. Rompió a llorar desconsoladamente, pues recordó las palabras del hechicero. «El tiempo no se puede recuperar…».

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